Primarias y lenguas de madera

Franceschi en las redes

Langue de bois. (lange-de-buá) Lengua de madera. Así llaman los franceses a quienes acostumbran, en el discurso político, vaciar de contenido a cada palabra que signifique compromiso categórico con la acción explicita que determina o convoca, para irse por las ramas en floripondios verbales carentes de contenido y fuerza semántica.

La langue de bois tiene en esta campaña de las primarias, cultores de distintos niveles, pero uno en especial parece que agarró un curso intensivo con sus asesores caros y ensaya una y otra vez los códigos de lenguaje que emanan de los famosos focus groupes, asumidos como el santa sanctórum del marketing.

Hablamos de la política hecha charlatanería pseudocientífica, a la que son adictos quienes creen tener resuelto el arquetipo del candidato triunfador, que debe ganar según ellos, sin resolver nada de fondo, de acuerdo a una línea de lenguaje de códigos predeterminados donde todo debe posar armónico y conveniente para la mentalidad mediocre y nunca salirse de un guion que aconseja siempre prudencia.

Siempre ser prescindente de definiciones, rendir culto a lo neutral y sobre todo al vuelo bajo gallináceo, que no alerte o descubra sino solo a ambiciones de bajo perfil, en armonía con ese rasero de satisfechos, de abúlicos, de conformistas, de tramadores, de “posponedores”, de enemigos de la confrontación, aunque sea imposible evitar, porque lo que siempre prima, es atenerse al guion bobo, monocorde, de la conciliación y el diálogo.

No sé quien cipote resolvió que ese modelo de propuesta política era el que convenía y conviene para discutir entre los precandidatos de las primarias e incluso ya se presagia, si ocurre la desgracia que ganen, como el de “uso oficial” en el resto de 2012, para distinguirse, según ellos, del “fracasado” modelo confrontacional de Chávez.

Pero por su parte el discurso de Diego Arria, sin ser violento ni mucho menos, es lo opuesto a los “lenguas de madera”. Arria derrotaría a Chávez por la sencilla razón que este no podrá intimidarle, que le hará imposible el fraude, que le hará sentir, si está vivo, que más le conviene retirarse en orden del poder, antes de ver desmantelar aun más a fondo y más rápido sus barrabasadas del poder estatista.

Porque Diego Arria está planteando el desmantelamiento del régimen chavista, para iniciar la limpieza general de las FFAA, sacando de ellas a todos los que han pasado por puestos relevantes en Casa militar, Guardia de Honor, altos jerarcas en ministerios, y todos los han sido o son enlaces con el aparato de seguridad militar cubano, del que se hicieron agentes y alcahuetas en flagrante traición a la patria.

Arria propone terminar los mandatos y sacar de la calle y de la carrera judicial a los áulicos del régimen, que son coparticipes de crímenes de lesa humanidad.
Arria propone que se ponga fin a la impunidad del latrocinio masivo de bienes públicos, y se dispone poco menos que a arrasar el presidencialismo absurdo con el que Chávez edificó el despotismo y la impresionante masa de abusos de poder, por parte de la claque político-militar delincuencial roja, dueña omnímoda del poder fraudulento.

Si se quiere elegir en propiedad en las primarias y por claras opciones políticas, estas deben ser absolutamente contrastadas, porque hasta ahora se disimulan diariamente tras las mascaradas publicitarias desde el bando de las opciones neutras.

Para superar esta enorme confusión debemos propiciar debates públicos, para hacer evidente esas divergencias y escoger con absoluta claridad de propósitos a quien deba encabezar la fórmula unitaria frente a Chávez o al que él designe, si es que “la pelona” hace su vuelo rasante antes de octubre y si es que hay elecciones, porque me temo que el régimen se va al demonio, salvo que los bomberos de nuestro lado le vean alguna gran conveniencia a comportarse como pilares de sostén de lo insostenible.

Entre las propuestas y lenguaje en debate, donde distinguimos, en la llamada oposición distintas gradaciones en el culto a la lengua de madera, es una evidencia que el señor Capriles representa de la manera más genuina ese discurso opositor anodino, y por su parte Diego Arria representa la línea opuesta, beligerante y radical, como a sus contendores del discurso frívolo les gusta identificarlo.

¿No sería realmente edificante, que si han de sumarse los partidarios de todas las candidaturas a partir del 12 de febrero y si hemos de marchar unidos, lo más sano es que queden evidenciados con fuerza los puntos de acuerdo pero también, por lo menos, delimitadas las divergencias fundamentales?

Y diré por que es indispensable: Lo único que evitaría que la famosa unidad sea convertida en una indeseable melcocha, que pueda hasta llevarnos a la parálisis en el curso de la campaña, es que quede claro cuál es el terreno común, si tenemos unidad de principios y sobre cuáles son los temas sobre los cada quien tendrá derecho a mantener abierta la discusión nacional, puesto que si existen, eso creo, cuestiones de principios divergentes, así se vaya unidos como táctica electoral.

La unidad supone que estábamos separados y unas elecciones el 12 de febrero, que determinarán la hegemonía de alguno, no suponen automáticamente una real unidad, si no existe una base de principios comunes.

Solo la discusión honesta y franca determinará si existe ese terreno común. Los candidatos deben ser los más interesados en dejar claras sus posiciones para poder seguir unidos.

Nadie querrá romper la unidad, a nadie le conviene romper la unidad, pero para mantenerla lo mejor es fundarla sobre la claridad.

Yo creo que llegó la hora en que Diego Arria y H. Capriles deben debatir públicamente sus visiones contrastadas sobre el futuro nacional. Y planteo que sean ellos dos, porque son los de mayores divergencias.

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