EL 7 DE OCTUBRE NO BASTA IR A VOTAR

Franceschi en las redes

Federico Boccanera

 Comenzaré con algo en lo que he estado reflexionando desde hace un tiempo, y es que para vencer el próximo 7 de octubre, todos tendremos que salir a la calle, pero no sólo con la convicción de ir a votar…

Hoy en día tengo y mantengo la convicción de que nuestro problema hace rato que dejó de ser un problema de mayoría/minoría, para convertirse primordialmente en un problema de ventaja/desventaja, más bien, de brutal desventaja frente a un poder de clara tendencia totalitaria, incluso absolutista.

Así que no me cabe duda de que aunque seamos mayoría, en todo caso tendremos que afrontar el obstáculo casi insuperable de competir contra un régimen muy poco dispuesto a ser un “buen perdedor” y que no vacilará en crear e imponer, conforme se acerque la hora decisiva, un clima de intimidación acorde con sus oscuros (pero claros) designios.

Y esa intimidación estará dirigida a las huestes de lado y lado… ¡no nos olvidemos de eso!

De hecho ya comenzó el teñido de plomo del escenario, pues ese repetido amenazar con una eventual guerra civil, y la nerviosa cantaleta de que “hay que reconocer los resultados”, son una muestra del ambiente “propicio” que el régimen quiere crear para ese día, sobre todo para tratar de facilitar, una vez más, la oportuna y providencial claudicación de una oposición, a la que sabe muy propensa a la capitulación temprana -mas crepuscular que nocturna- por razones de apetencias relacionadas con ambiciones de poder que, más que “heroicamente” nacionales, siguen siendo mezquinamente regionales*

Lamentablemente ese día, aunque logremos la mayoría, es muy posible que eso no baste, aún suponiendo que logremos superar todo pronóstico, y toda la tramposería y el ventajismo resulten ser insuficientes para contener un inesperado reventón de voluntad popular.

También será muy posible que de llegar a darse ese reventón, tengamos que vivir horas de incertidumbre e indefinición que sólo podrán disolverse si los grandes electores, los verdaderos electores de la hora chiquita -desde luego que me refiero a los militares- finalmente se “arman de valor” y le hacen comprender a su comandante en jefe, que el aluvión que una vez lo trajo a él, cogió pa otro lado, o sea, hay que entregar…

Como hacer que los militares se llenen de valor, en el fondo es algo muy simple: apelando a algo que ellos temen, y si hay algo a lo que ellos le temen, es al tener que imponerse con represión, frente a la “amenaza” de millones de ciudadanos pacíficos y desarmados velando por sus derechos electorales.

Un millón de ciudadanos totalmente pacíficos, instalados en la calle, en cada una de las grandes ciudades: Caracas, Maracay, Valencia, Barquisimeto, Maracaibo, Barcelona, Puerto La Cruz, etc… haciendo acto de presencia frente a sus centros de votación, o en las cercanías, sin otra arma que su indeclinable empeño a que se les respete su votación, podrían representan el único factor eficaz de disuasión, contra el cual ningún plan de desconocimiento de la voluntad popular podría desarrollarse, por más poderoso que sea el “planificador”…

De hecho, esa es la verdadera significación de los tres millones de votantes que acudieron a las primarias… si esa cifra quedó “retumbando” en el alto estamento chavista, es porque saben que esa movilización fue de gente altamente motivada, algo que jamás podría lograr el régimen sin recurrir a un gasto ingente, y a una capacidad organizativa vetada de antemano por sus propios niveles de ineptitud y corrupción.

Frente a una multitudinaria presencia de civiles en la calle, en plan totalmente pacifico, los militares quedarían con cero margen de maniobra para dominar el desborde sin aplicar violencia , y sin recurrir a actos incalificables del cual no habría retorno posible ni redención admisible, y que a su vez los comprometería como cuerpo, y como individuos, a empantanarse con profundidad creciente en modalidades de imposición del orden de tipo totalitario, escalada siniestra en donde se verían obligados a hacer después, muchas cosas que también los aterrorizan (y con toda razón) por ejemplo: trabajar mucho y con poco descanso, estar siempre alertas y encuartelados, andar siempre escoltados y blindados, sin poder confiar ni en su sombra, corriendo riesgos de celada a toda hora, todos los días, sembrando (y recogiendo) miedo, en cada rincón adonde vayan…

(Una alternativa muy distinta a la guachafita muy irresponsable y objetable, pero guachafita al fin, de la cual han gozado hasta ahora…)

Si algo de cacumen queda en nuestro estamento militar, frente a cualquier loquera de un régimen que les dio todo el poder, pero también les quito todo el respeto, es que cualquier decisión que tomen debería llevarlos sin la menor vacilación, a la astucia basal de evitar por todos los medios que la sangre llegue al río y los salpique en forma indeleble, en otra palabras: “…mi Comandante, hay que reconocerles su triunfo de mierda… si quiere podemos reducir la ventaja a “una burusita” pero admita la derrota… no se juegue a rosalinda porque no lo vamos a acompañar…”

(imagínense además, la torpeza casi idiótica de sacrificarse por un moribundo que sólo tiene como herederos, a una cuerda de tarambanas sin esperanza ni remedio, encapsulados en sus cotos de mediocridad, peligrosos en su vertiente hamponil eso sí, peros incapaces de liderar hasta la más discapacitada versión moderna de la corte de los milagros…)

…en vez de optar al enaltecedor papel de salvadores de la libertad, y la democracia, ¡Y LA PATRIA! que toda una sociedad les otorgaría, con vítores a garganta rajada, si se acuerdan aunque sea a último momento, de “volver la cara pa donde es”…

Los militares saben que mientras no se lancen a ninguna locura represiva y sepan en el último microsegundo voltear hacia la “institucionalidad”, siempre podrán negociar su impunidad y otras miserias con cierto relax, y hasta lograr casi que de ipso facto, un reconocimiento “agradecido e imperecedero”, y también saben muy bien que contarían con una dirigencia de oposición, y muchos poderes fácticos, perfectamente dispuestos a brincar gozosos sobre empinadísimas cordilleras de sordidez, con tal de lograr el indispensable basamento de poder que sólo los militares pueden proporcionar, en una sociedad tan precariamente carente de solvencia civilista.

Y tan precariamente al borde de la ingobernabilidad, y de la desestabilización: ambas muy inconvenientes para la continuidad de muchas cosas, y el restablecimiento de otras…

En fin, los militares lo saben, los chavistas poderosos lo saben, todos los factores de poder lo saben… sólo falta que ese día, por algún imponderable, HCR logre una ventaja en la totalización, un verdadero imprevisto, sea “cisne negro”, “aleteo de mariposa” o “micro-singularidad espacio temporal”… impredecible aún para nuestros deslumbrantes encuestadores: esos omniscientes chamanes que actualmente subyugan a una opinión pública cautiva de todo tipo de cálculos (e ilusiones).

Eso sería lo primero y se logra yendo a votar, y lo segundo sería que la gente sepa ese día donde es que debe estar: para que no quede más remedio…

* Desde luego que en contraste con lo que acabo de decir, podemos anteponer notable excepciones, pero no nos engañemos sobre el hecho de que constituyen una excepción, pues vivimos ni más ni menos, una decadencia que sobre todo se expresa, en la carencia de figuras realmente alternas…

twitter: @FBoccanera

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