Archive for Firmas amigas

¿Maduro y Capriles quieren violencia?

CLAUDIO J. SANDOVAL |  EL UNIVERSAL

jueves 2 de mayo de 2013  12:00 AM

photoA pesar de los clásicos dimes y diretes mediáticos, el más reciente episodio electoral ha sido manejado por Maduro y Capriles con la delicadeza que amerita este caso. Gracias a ello, se pudo bajar la intensidad de una confrontación que ponía en riesgo inmediato la vida de cientos, quizás miles, de seres humanos. “Por ahora” o “mientras tanto”, se ha logrado mantener la violencia a raya; en niveles socialmente tolerables.

Read more

¿Serás cómplice de esta mentira?

Firmas Amigas
“Es un mentiroso pero es nuestro mentiroso”.

Según el refrán popular “mono no se ve su cola si no la de su vecino”. Y es que cuando uno le mete la lupa al razonamiento político de cada sector para esta nueva campaña presidencial concluye que son idénticos y que, además, resultan completamente ilógicos por contradictorios.

Curiosamente, opositores y chavistas enuncian que Read more

LA ALFOMBRA ROJA (firmas amigas – Eduardo Guzman Perez)

 Cosas de los rojos, oigan esto: El Departamento de Protocolo de la Cancillería notificó a todos los funcionarios que por orden expresa del  Ministro de Relaciones Exteriores se iba a desplegar una alfombra roja en el aeropuerto internacional para recibir a los dignatarios que iban a venir a rendir homenaje póstumo al Comandante Presidente. Desde la escalerilla del avión hasta el Salón Presidencial se dispondrá de un felpudo rojo que resalte, al igual que la entrega del Oscar en Hollywood, la presencia de los altos representantes de los distintos países.

Hugolini CHÁVEZ Y MUSSOLINI


César Vidal

El fallecimiento de Hugo Chávez ha tenido lugar e inmediatamente los restos de una izquierda rancia que nunca se resignó al naufragio de la URSS se han lanzado a proferir vítores en memoria suya. Otegui, miembro de una organización terrorista que, a decir de un antiguo coronel del KGB, contaba con los miembros “más brutos, más bestias” de todo el terrorismo internacional, no ha tardado en saludarlo desde la perspectiva de la solidaridad entre revolucionarios. Llamazares, médico educado en La Habana que sigue entusiasmado con las vesanías del régimen de Fidel Castro, tampoco se ha quedado atrás. Sin embargo, estas muestras de zafio totalitarismo constituyentan sólo una muestra de hasta qué punto la izquierda anda huérfana y desnortada desde que desapareció esa patria de los proletarios que era la URSS. De hecho, Hugo Chávez –al que muchos se empeñan en calificar de manera bastante difusa como “populista”– ha sido el último gran caudillo fascista de la Historia. El término fascismo ha sido mal utilizado y mal entendido durante décadas. Usado por los comunistas para criticar lo mismo a alguien que iba a misa que a los partidarios de la libertad de mercado ha terminado por no significar nada salvo que las izquierdas odian al así adjetivado. Sin embargo, el fascismo, el real, el de Mussolini tuvo unas características muy concretas que despertaron desde el principio el temor de las izquierdas precisamente porque era una forma de socialismo que, dado su carácter nacionalista, resultaba sumamente peligroso como rival. Es ese fascismo en estado puro el impulsado por Hugo Chávez.

Cuando Chávez llegó al poder de manera, como mínimo, heterodoxa pocos pensaron que podría durar y mucho menos extender su influencia por todo el subcontinente. Sin embargo, ésa ha sido la innegable e inquietante realidad. Chávez no fue un pensador sofisticado ni un gran teórico de la política. También es indiscutible que no ha traído prosperidad ni justicia a los venezolanos, pero poco puede negarse su repercusión. Las claves de su éxito son, para el que se acerque al tema con objetividad, claramente identificables. En primer lugar, Chávez, como Mussolini o cualquier fascista que se precie, supo utilizar las raíces nacionales –quizás más supuestas que reales, pero, en cualquier caso, nacionales– de su revolución. Lejos de tomar su punto de referencia en el comunismo soviético o chino, Chávez pretendió entroncar con un Bolívar mítico que, ciertamente, no se parecía, precisamente, a lo que él ha llevado a cabo, pero que sigue constituyendo un magnífico mantra para millones de hispanoamericanos que lo invocan sin haberlo leído. Venezuela –como la Italia de los años veinte– no daba, en teoría, un salto en el vacío sino que se conectaba con lo más sugestivo de su Historia nacional. Si para Mussolini era el imperio, para Chávez se trataba de la Emancipación. Partiendo de ese nacionalismo mítico y estomagante, Chávez disparó una agresividad nada oculta hacia los Estados Unidos –la nación enemiga por excelencia siquiera por su éxito– hacia el Occidente democrático, incluyendo de manera muy señalada a España, y hacia el capitalismo. Eran las “plutocracias” que decía Mussolini mientras realizaba gestos no menos histriónicos que los del propio Chávez.

En segundo lugar, Chávez intentó establecer un tipo nebuloso de socialismo que no es el soviético ni el cubano y, a fin de cuentas, es una copia del corporativismo propio del fascismo italiano. A fin de cuentas, en los años treinta, la nación más intervenida económicamente después de la URSS era la Italia fascista. Chávez no acabó con la propiedad privada sino que, como Mussolini, la intervino, la amenazó y la sometió creando una nueva clase de propietarios afectos al régimen. Exactamente lo mismo que Mussolini ha hecho Chávez, que podía amenazar con el “Exprópiese” a los enemigos y entregar concesiones a los amigos.

Hasta ahí la carga ideológica que es, fundamentalmente y por más que se niegue, fascismo en estado casi puro al buscar la fusión de nacionalismo y socialismo y al no eliminar drásticamente ni la iglesia católica –con la que tanto Mussolini como Chávez llegaron a acuerdos puntuales beneficiosos para ambas partes– ni el capitalismo que proporciona puestos para los partidarios.

Pero, a la vez, Chávez ha sabido copiar las muestras más siniestras e inteligentes del talento mussoliniano. Dentro del más puro estilo fascista, Chávez ha ido erosionando desde dentro las instituciones del estado para implantar una dictadura que niega con la boca pequeña la calidad de tal siquiera porque permite las elecciones. Chávez ha ido cambiando la ley electoral, la composición del legislativo y el perfil de la judicatura exactamente igual que Mussolini durante los años veinte. En una sociedad más mediática que la italiana, Chávez captó desde un principio que podía ganar elecciones si previamente controlaba los medios de comunicación. Torrijos o Felipe González no lo habrían hecho mejor. Pero junto a la formación de una nueva ideología –que algunos llaman populismo y que no es sino neo-fascismo sui generis que reniega de sus orígenes de la misma manera que los antisemitas de hoy dicen que sólo son anti-sionistas– y la reestructuración institucional, Chávez supo aprovechar otros factores. En primer lugar, retomó la solidaridad hacia aquellos que podían orbitar en una manera de pensamiento similar siquiera porque tienen fobias comunes. Igual que Mussolini pagaba una pensión a José Antonio Primo de Rivera y respaldaba a movimientos semejantes al suyo en Europa, Chávez ha repartido generosamente los frutos del petróleo entre sus camaradas de hoy desde el Ecuador a la Argentina, desde Bolivia a la Argentina. En este último caso, por añadidura, tendía la mano a otro movimiento de inspiración totalmente fascista como el peronismo. En segundo lugar, Chávez intentó también estrechar lazos con todos aquellos que repudian el sistema democrático occidental y el capitalismo sin el que éste no podría subsistir. Igual que Hitler supo que era obligado tender la mano a un Mussolini condenado por la Sociedad de naciones por invadir Abisinia, Chávez extendió su radio de acción hasta respaldar a un Irán islamista que, despreciando la acción de la ONU, camina inexorablemente hacia la posesión de armamento nuclear.

Chávez también sabía mezclarse entre el pueblo, como Mussolini, para demostrar que podía trabajar como un agricultor. Si el Duce segaba, Chávez podía recolectar. Si el Duce conducía un automóvil, Chávez podía servir de chófer a Oliver Stone en un delirante documental. Si el Duce podía crear el Estado Vaticano en virtud de los acuerdos de Letrán suscritos con la Santa Sede y aún vigentes, Chávez podía santiguarse en público y abrazar a obispos. Como sucedió con Mussolini –del que hablaron maravillas personajes como Gandhi o Churchill y del que Lenin dijo que era el único capaz de desencadenar una revolución en Italia– Chávez fue alabado y cortejado por gente de los lugares más lejanos que se acercaban a él soñando con la revolución pendiente o con una oportuna subvención. Han sido periodistas y profesores universitarios, políticos y empresarios, cineastas y sacerdotes. Frente a él han estado, como en el caso de Mussolini, los que aman la libertad porque, en el caso de Chávez, hasta las izquierdas sin brújula lo han alabado siquiera porque era anti-americano y anti-israelí. La cuestión ahora es saber si el legado de Chávez trascenderá su muerte o, como en el caso de otros dirigentes de signo fascista, no podrá sobrevivirlo durante mucho tiempo. Porque lo que es obvio es que igual que Mussolini murió también ha fallecido aquel al que podríamos llamar Hugolini.

Chávez volvió obligado

El paciente no vino porque quiso sino porque lo trajeron anticipadamente ante el reto de gobernabilidad que atraviesa el chavismo cubano sin Chávez. En otras palabras, su regreso no fue por motu propio sino que, a nuestro entender, obedece a la presión ejercida por el sector castrense y la sociedad civil venezolana, dentro de un contexto de conflictividad que le impide al interinato Maduro darse el lujo de acumular gotas que derramen el vaso de la violencia en su contra. Read more

EL 7 DE OCTUBRE NO BASTA IR A VOTAR

Federico Boccanera

 Comenzaré con algo en lo que he estado reflexionando desde hace un tiempo, y es que para vencer el próximo 7 de octubre, todos tendremos que salir a la calle, pero no sólo con la convicción de ir a votar…

Hoy en día tengo y mantengo la convicción de que nuestro problema hace rato que dejó de ser un problema de mayoría/minoría, para convertirse primordialmente en un problema de ventaja/desventaja, más bien, de brutal desventaja frente a un poder de clara tendencia totalitaria, incluso absolutista.

Read more

Gerver Torres: Las 10 cosas que el profesor Giordani no se atreve recordarle a Chávez

Hay realidades que el Ministro de Planificación se cuida de no mencionarle al presidente Chávez ni al país. Las diez más importantes son:

  1. Que el socialismo del siglo XXI ha profundizado la dependencia y el subdesarrollo.

Read more

¡Si no te polarizas eres un traidor!

Agustín Blanco Muñoz

La decisión ya está tomada en todos los comandos de la polarización unitaria, que faltaba para completar el gran cuadro del fanatismo e irracionalidad que debe caracterizar un tiempo de vacío y destrucción como el que padecemos.La falta de una adecuada política para enfrentar el régimen, se acude a medidas que juntan la desesperación con la coacción y la amenaza. Algo coincidente con lo que ocurre en el oficialismo. Read more

Para no morir en la orilla: ¿Cómo desmontar las trampas del 7O?

Eric Ekvall


En el seno de la oposición democrática está surgiendo en estos días un debate sumamente importante, largo tiempo esperado. Su desenlace forma parte significativa de los factores determinantes para concretar la opción de triunfo de Henrique Capriles Radonski  en la elección presidencial de octubre

Charito Rojas: El síndrome del candidato sordo

  “La política es más difícil que la física”. Albert Einstein (1879-1955), físico alemán de origen judío, nacionalizado norteamericano, Premio Nobel de Física, considerado el más importante científico del siglo XX.

Como periodista he seguido de cerca a unos cuantos candidatos y a sus campañas, y puedo decirles que todos, sin excepción, sufren del “síndrome del candidato sordo”. Aquel hombre que solía escuchar a sus consejeros, que buscaba a la prensa para que lo promocionara, que aceptaba la ayuda y presencia de cualquiera que pudiese sumar para lograr la candidatura, de pronto se convierte en un ser aislado, que permite que su entorno lo encierre en una torre de marfil y que cree que es el papá de los helados… porque ya es “el candidato”.

Read more